miércoles, 19 de mayo de 2010

Sobre el MACBA y el mercado del arte

En los diez años que dirigió uno de los museos más punteros de Barcelona, el MACBA, Manuel Borja-Villel tuvo que saber responder a una serie de retos que demandaba una ciudad – concretamente una zona de la ciudad, el raval- en plena reconversión. En estos extractos de la interesante entrevista que le realizó Carles Guerra, artista, crítico y profesor de Arte Contemporáneo en la Universidad Pompeu Fabra descubrimos algunos de los entresijos del complejo y lleno de intereses mundo del arte. Podéis encontrar la entrevista al completo en el nº2 de la revista especializada en cultura Art&Co (de la expo de arte contemporáneo ARCO de Madrid).

Manuel Borja-Villel: (…) El MACBA presentaba todas las tensiones posibles. Si alguna cosa tuve fue la intuición de ver que estas tensiones no eran negativas, sino que describían una realidad muy concreta. Existía por un lado una cultura identitaria decimonónica –aún hoy me ha llegado una nota reprochándome que no me interesaba el arte catalán-. Y la presión de una cultura mediática dirigida al turismo y que en Barcelona se inició con las Olimpiadas.


Carles Guerra: Una tendencia populista aunque viniese de un partido de izquierdas.
MBV: Y con las tensiones de una sociedad que no acaba de encontrar su lugar, con una burguesía que fue ilustrada a principios de siglo y que posiblemente no termina de adaptarse al mundo del gran capital financiero. Nos dimos cuenta de que estas tensiones describían una realidad. Tratar de convertir el museo en un museo noucentista del arte catalán no tenía sentido. (…)


CG: Ud. Siempre ha insistido en la relación museo-conocimiento.


MBV: (…) Es lo que decía Borges, uno no habla una lengua, sino que es esa misma lengua la que te habla. Institucionalmente es lo mismo. Tú no haces la institución, sino que la institución te hace. Al fin y al cabo siempre trabajas con herramientas que no son tuyas. De modo que cuando avanzas con el trabajo ves las contradicciones. Tal vez la iniciativa de Las Agencias resultase demasiado inocente y romántica. Cuando vi que Las Agencias eran presentadas en un suplemento de tendencias de moda joven me di cuenta de que algo no iba bien.


CG: Lo del prêt à revolter casaba perfectamente con las expectativas de estos suplementos de moda joven…


MBV: A partir de ahí iniciamos una transición. Arte y Utopía (2004) permitió volver a estudiar, volver a ser reaccionarios e intentamos mostrar que era posible una reconciliación entre lo poético y lo político. (…)


CG: Cuando usted accedió a la dirección del MACBA, en 1998, el museo cargaba con la lacra de haber sido diseñado para desempeñar una función biopolítica dentro del marco de las necesidades más urgentes de la ciudad antes que para satisfacer las exigencias del sector del arte. La función biopolítica del museo tenía un cometido específico: corregir la situación del barrio del raval de Barcelona. (…) Toda esta actividad se ha podido llevar a cabo porque usted ha trabajado con diferentes tipos de aliados, no sólo políticos, sino que exploró entre los representantes de las ciencias sociales, incluyendo los movimientos sociales (…) En Madrid la cuestión urbana está fuera de toda escala, parece inconmesurable.


MBV: Incluso añadiría lo de que el MACBA sea un museo de autor, el hecho de que el MACBA fuera proyectado por Richard Meier no es casual... (…) En poco tiempo Barcelona se ha convertido en una ciudad cosmopolita. Pascual Maragall estaba muy influido por una corriente de pensamiento americano que sostenía que el mercado artístico puede ser la avanzadilla del mercado inmobiliario. Eso en Barcelona es una ficción, seamos realistas. El mercado artístico local es un mercado doméstico. La creencia de que el museo iba a generar por sí solo un sistema de galerías y todo lo demás era una ilusión. La miopía de los políticos en los primeros años del MACBA radicaba en no haber entendido que había otros modos de intercambio posibles, otros tipos de mercado. Se abrieron galerías, después cerraron. Para colmo, cuando accedía a la dirección del MACBA renuncié a convertirlo en un museo que favoreciese el itinerario como forma de experiencia estética y por el contrario puse en el centro del programa la discusión, que no es asimilable.


CG: La recepción de sus propuestas siempre ha sido muy celebrada…


MBV: (…) Pensamos que otro tipo de gestión era posible y que no hacía falta entregar las instituciones al poder. Después trabajamos en red, rompiendo con las ideas paternalistas de la transmisión del saber y de centro y periferia.


MBV: (Hablando del Museo Reina Sofía) Lo que quiero decir es que no es el museo de Madrid, sino el museo de todo el Estado. Hay que trabajar en red con el MACBA, con la Fundació Tàpies, UNIA… Pero en ningún caso se tratan de conexiones de orden turístico. Parece que las cuestiones acerca del mercado y del coleccionismo sean cuestiones hegemónicas y burguesas. Sin embargo, el coleccionismo tiene un sentido positivo pensado a través de Benjamin. Ahí está la idea de crear una memoria compleja. Los cambios son tan rápidos que no nos damos cuenta. El capital financiero actúa de forma rapidísima. Pensamos que la galería de arte tradicional se ha quedado en algo romántico, porque trabajan para y con el artista. Ahora, el que marca la tónica es el mercado secundario de las subastas. Y ese mercado está hinchado, la especulación es demencial. Eso provoca que se escriba una historia de mercado puro y duro.


CG: Pero eso es el paradigma de Grundisse de Marx del siglo XIX: todo debe entrar en una circulación lo más fluida posible para que no deje de producir un valor añadido.


MBV: Pero luego Adorno decía que el arte más culto, difícil y opaco quedaba a resguardo de estas inercias. Aunque ahora la opacidad también se vende, es un objeto de mercado.

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